La Vida Loca, documental que recoge la convivencia del periodista Cristian Poveda durante 16 meses con miembros de la pandilla Mara 18. Poveda periodista con experiencia profesional en conflictos armados se instaló en El Salvador y fruto de ello consiguió crear puentes de comunicación con las pandillas salvadoreñas lo que le facilitó acceso a lugares donde ningún otro periodista había podido acceder.
El rodaje tuvo lugar en la comunidad de La Campanera ubicada en la zona centro de San Salvador. Poveda va mucho más allá de mostrar las atrocidades cometidas por pandilleros en este pequeño país, enseña la vida de estos jóvenes más allá de la delincuencia mostrando el ser humano detrás del pandillero. Entender que mueve a estos jóvenes a formar parte de estas Maras es el objetivo del documental, porque para solucionar un problema el primer paso es entenderlo, conocer sus causas y de esta manera buscar una salida eficiente.
Poveda intenta contestar mediante su documental la siguiente pregunta, “¿Que es la vida para un pandillero?”. No es sólo la sucesión de delitos, consumo de drogas etc.… Los pandilleros respetan unas normas internas y cualquier error se paga muy caro, además tienen un fuerte sentimiento de comunidad que les ayuda a luchar contra la pobreza y el desarraigo social. En esta división de “nosotros contra todos” encuentran la estabilidad social que el Estado no les proporciona.
Poveda carga contra las instituciones de El Salvador, en la cinta se puede observar la frialdad, la desgana con la que políticos, jueces y policías tratan a estos jóvenes pandilleros. Lejos de intentar solucionar el problema las instituciones de este país lo utilizan en un afán propagandístico muestra de lo eficiente y duro que es el gobierno con estos delincuentes. Las condiciones de vida no son justificación para la consecución de un asesinato pero estas no son en absoluto entendidas por los funcionarios del gobierno, Poveda nos enseña esta cuestión cuando la juez no puede entender que el joven al que sanciona no puede dejar la 18 por dos cuestiones, no tiene a donde ir y sin protección moriría en el intento de abandonar la banda. El joven calla y en silencio observa como los que pretenden ayudarle le vuelven a enviar a un correccional por el mero hecho de vivir en un lugar deprimido en donde no ser miembro de una pandilla es sinónimo de total desprotección.
No seriamos capaces de entender esta compleja realidad si no fuera por documentales tan profesionales como el que le costo la vida a este periodista.
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